Dating en tiempos de globalización

Comencemos por un hecho: tengo 9 meses viviendo en México.

Sigamos con otro: en los últimos 2 años de mi vida no he tenido que perseguir a ningún chico, ni tener “la conversación”, porque estos últimos 9 meses no entiendo NADA de lo que ocurre, y los meses anteriores tenía un novio que desde el minuto en que me robó un beso me dejó bien claro cuales eran sus intenciones.
Entonces, para todos los que no entienden mi locura desde que estoy en México.

Acá les voy a dejar una explicación de las diferencias entre “salir con alguien” en Venezuela y “salir con alguien” en México. Sobretodo les contaré de actitudes y luego iremos viendo cómo evoluciona esto (hacia el fracaso en el caso de México porque uta no pego la primera).

El hombre venezolano es intenso. Si le gustas te va a escribir todos los días, te va a invitar a salir más de una vez a la semana, el tipo no puede soportar pensar en darte tiempo de salir con alguien más. PERO (que vaina con el pero) el venezolano va a mantenerse frío e indiferente hasta que pase un tiempo.

El hombre mexicano es muy diferente, él cumple con la regla de no escribirte por días, quiero pensar que para no parecer desesperado, pero todavía no entiendo en qué están pensando. No lo vas a ver más de una vez a la semana, ni que haga erupción el Popo. Honestamente creo que el tipo espera que no estés saliendo con alguien más, pero no se ocupa en que no te de tiempo de hacerlo. Contrario al venezolano, el mexicano va a ser intenso a nivel de cómo te hace sentir, es decir: vas a ser la mujer de su vida y lo mejor que ha encontrado en el planeta, por 24 horas.

El hombre venezolano ha perdido la costumbre de abrirte la puerta, arrimarte la silla, y hasta de pagar la cuenta (gracias a la crisis, no los juzgo muchachos). El venezolano se vuelve tu cómplice, no te pone en un pedestal, es más mientras más tiempo pasa más van al mismo nivel y como digo: terminan siendo cómplices en todo.

El mexicano no va a entender que pasa contigo si no le permites eso. Él te va a tratar como una princesa, te va a poner en un pedestal y tenga mucho cuidado de cómo se baja usted de ahí porque puedes ser “demasiado independiente” o como dirían “too much to handle”. Acá lo que funciona es cumplir con su papel de princesa el 50% del tiempo, hacerse la pendeja 45% del tiempo y ser una demente el 5% para que nadie entienda qué pasa.

Con el venezolano todo comienza “light” todo es un “bueno sí salimos y tal, pero nada serio” hasta que las cosas se hacen costumbre, deciden que si se gustan y pues se enseria el bochinche que llevaban.

Los mexicanos son diferentes, con ellos si quieres algo serio de nuevo ¡pilas! Porque si vas muy rápido: valiste. Así, sin explicación… acá todo va lento, no solo la gente caminando en la calle. Es un juego de paciencia, decir que no mil veces hasta que bueno, usted vea hasta cuando quiere mantenerlo.

En fin…

Esto es solo un intro a lo que viene, porque evidentemente esto va a tener capítulos a ver si alguien me explica qué me he perdido porque no he entendido ni medio de mis últimos fracasos.

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Se me fue, otra vez

De cuentos está lleno mi vida, y de este tengo tiempo sin hablar… de este me había olvidado.

Les echo el cuento de la última hazaña, porque ir tanto hacia atrás no tiene sentido.

Estoy de viaje, desde hace semanas ando en una de turismo, y he conocido lugares que no sabía que existían… sobretodo dentro de mí.

El asunto es que tenía más de 3 años sin ver a este tipo que siempre me ha encantado, el que robó mi corazón como a los 16 años y jamás pude convencerlo de que me lo devolviera.

Le escribo porque visitaré su ciudad, y su respuesta fue un “claro ¡Vamos a vernos!”, esto seguido por una cita de sábado, bueno no una cita, un “nos vemos en…” pero ustedes entienden.

Llego al lugar en toda mi actitud de hembra alfa, de mujer independiente, de jeva que piensa “es que me vas a ver y te voy a encantar, pero te la voy a poner difícil”. El problema es que con él las reglas no funcionan, y por eso esto no pasa.

En medio de la conversación me deja en el lugar porque “tiene que hablar con sus amigas”, se voltean los papeles, es a mí a la que le hacen la cosa difícil, soy yo la que tengo que admitir que lo vi y me encantó.

En mi molestia (porque toda mujer que llegó con mi actitud se molesta cuando las cosas no le salen como quiere) decido hacer una de las mías: tomar la decisión estúpida.

Mi indignación me hace buscar en otros lugares, porque al final “él tiene otra ahí”. Otra que no soy yo, otra a la que si fue a buscar, otra con la que no simplemente “se encontró” en el lugar.

Y honestamente no me toma mucho tiempo encontrar algo.

Total es que termino la noche pasada de tragos, con un tipo terriblemente guapo a mi lado (o casi encima de mí dependiendo del ángulo) y aun así sintiendo la necesidad de:

  1. Burlarme de la chica con la que vino (¿Recuerdan el chiste de la nueva novia del ex, bueno ella es la nueva novia del ex)
  2. Mandarle el mensaje de texto más idiota del planeta tierra, para recibir la respuesta más condescendiente del sistema solar y hundir mi dignidad en el hoyo negro más grande del universo.

Ya que soy honesta les digo, lo único que me salió fue escribir: “dude, la verdad iba pendiente de tripear contigo, pero coño estabas con estas jevas y bueno asumí que querías con alguna de ellas y bueno yo quería pasar el rato contigo pero no quería interferir. Lo siento”.

¿La verdad? Cada vez que lo releo quiero golpearme en la cara, porque se me fue la elocuencia, ni siquiera asomé lo que significaba “iba pendiente de tripear contigo” y lo único que conseguí de respuesta fue: “cero rollo”, entre otras oraciones que me niego a detallar.

Por eso digo que esto de ser mujer y los súper poderes que se supone debería tener, como que no vinieron conmigo.

Dame un break

Hay días de días. En la mayoría nos levantamos normal, en algunos no queremos levantarnos, en otros comenzamos más felices.

Hoy te pido: dame un break. Déjame respirar un poco porque no quiero ni pararme de la cama.

Regalame un día para mí, una noche para mis amigas, 24 horas de espacio, de aire, de respiro.

Dame 24 horas para tener una aventura conmigo misma. Llevo meses en esto, meses contigo, meses a tu lado y hoy necesito un día, solo te pido eso: un día.

Lo hice con su mejor amigo

Hoy vengo a confesar una cosa: lo hice con su mejor amigo, y me toca hablar de eso.

Lo difícil fue tomar la decisión.

Fue tomar el teléfono y decirle “salgo a las 7”.

Lo difícil fue no parar a mitad de camino.

Quisiera poder lanzarme una de moral y luces y decir que mi consciencia me gritaba que no lo hiciera, pero no es cierto. La verdad es que la voz en mi cabeza hacía lo contrario… me empujaba, me impulsaba.

A ver, al final del día él tiene novia.

Si si… estoy tratando de justificar algo que claramente está mal, pero la verdad es que no me queda claro qué tan mal está. Qué tan mal puede estar algo que te generó al menos 3 orgasmos en una noche ¿No tan mal verdad?

Y al final del día, él fue quien decidió besarme solo para decirme que ya no sentía nada ¿Eso no justifica que yo bese a su amigo para ver si es cierto? Ok, fue más que besar, pero es que no tenemos 15 pues…

Bueno la verdad es que solo quería decir que si, lo hice con su mejor amigo.

Si, crucé la raya.

Y si, estoy clara que después de esto no hay vuelta atrás. Y el que me conoce entiende que posiblemente esa era la intención, saber que hay algo peor que él jamás me perdonaría, para así ni siquiera tomarme el tiempo de volver a buscarlo.

La nueva novia de mi ex

Hablemos de un tema que a todos nos molesta: La novia nueva.

¿No se han preguntado por qué sentimos la necesidad de destruir a la nueva pareja de nuestro ex?

Yo me lo he preguntado, a menudo. Siendo honesta muchas me caen bien, a muchas las veo y digo “oye que bien”, a otras las veo y digo ¡¿De verdad?! Porque seamos honestos: nada duele más en el ego que te dejen y luego anden con alguien a quien consideramos feo, gordo, estúpido, entre muchos otros adjetivos descalificativos que podamos usar.

Por eso hoy pienso enumerar las cosas que me han molestado de las novias nuevas de mis exs, y espero que ustedes me dejen su lista para saber que no estoy sola.

La primera que me choca es que sean gordas o feas, admito que es sumamente superficial, pero de qué otra cosa me voy a dar cuenta cuando las stalkeo en 10 redes sociales diferentes si me tienen bloqueada.

Antes de que me digan que soy una mala persona: ya lo sé, y por otro lado evidentemente esto es solo una forma de cuidar mi ego, pero que hablando en serio ¿No les molesta ver que están con alguien que se ve peor que ustedes? Será que nunca les ha tocado preguntarse: Si estos son los gustos de este pana ¡¿Yo luzco así?!

Por otro lado: las rutinas de pareja feliz. ¡Dios! Como me revienta esto de que todo lo hacen juntos ahora, pero la peor parte es si lo ves haciendo cosas que contigo no hacía. ¿Quieren saber cuál es el consuelo? Que ella se lo cree mientras que ustedes saben que por dentro el está a punto de explotar.

Lo que me lleva a otro punto: la tolerancia, me puedes explicar ¿Qué coño tiene este ser humano para que tú le aguantes todo lo que odiabas de mí?.

Seguimos en la misma línea.

Me mata cuando la nueva es la persona más complaciente del mundo, la que en su vida había tenido una foto en un evento deportivo y ahora es la más fanática de su equipo. Pero lo que más me hace arder es la rutinita de camisas iguales, de vestirse similar, escuchar la misma música y el bendito #RelationshipGoals… me vomito, porque sabes qué todo se ve bello en las redes sociales, pero en el fondo sé que no es perfecto y lo que me da nauseas es que trates de que todo el mundo te lo crea.

Y ahora les cuento lo que más me indigna: que compartas lo que yo compartí contigo. Me parte de la arrechera ver que la llevas a lugares a donde me prometiste ir, verlos juntos en conciertos de MI música favorita, de la que ahora este ser humano es fan. Me da asco que tome mis hobbies y que se vista como yo me vestía porque a ti te gusta ese estilo. ODIO que tenga cierto parecido conmigo.

Y todo esto me revienta porque significa que si te gusta la gente como yo, pero simplemente no te gusto yo.

Olvídense de la paja de “la transforma en mí porque todavía me ama” no bebés, la transforma en ti porque así le gustan las mujeres, pero no le gustas tu, lo cual hace de todo esto algo todavía más triste porque queda claro que ni cambiándote el ADN él va a volver contigo.

Esos besos

En la vida hay diferentes tipos de besos. Hay besos que no son relevantes, están esos que siempre recordarás, existen los que te hacen volar y luego está ese… ese que me diste esa noche, ese que me hundió hasta el infierno y que luego me arrastró un poco más allá.

Ese beso que solo me recuerda que soy culpable, que me equivoqué.

Ese beso que me dice que corrí a ti, que no lo pensé dos veces y me vestí para ti.

El que me rompe porque me obliga a admitir que llamaste y fui, que cuando recibí tu mensaje sentí nauseas.

El que me recuerda que hiperventilé cuando escuché tu voz en el teléfono.

El que me mata porque me obliga a admitir que no te puedo odiar por romperme el corazón.

¿Saben esas personas que se deprimen y lo usan para inspirarse? Eso jamás me pasa, conmigo el dolor solo se traduce en fingir una sonrisa en medio de una crisis emocional, en una risa falsa e incómoda cuando alguien dice “ustedes se aman” y me toca responder: “no, el me odia”… sin completarlo, por supuesto, porque quién carajo quiere admitir que está enamorado de alguien que no siente lo mismo.

Odio ese estúpido beso que me dice que estábamos destinados a ser felices, a estar juntos y ser estúpidamente felices… pero lo hicimos mal, o lo hice mal, o todo salió mal y ya que carajo.

El que me aterrizó en el hecho de que jamás serás mío, y que además me recuerda que a ti eso no te afecta.

Ese beso que me dijo que no te vas a levantar un día arrepintiéndote de no haber peleado por esto.

El que me hace admitir que no me vas a perder, que es posible que me pase el resto de la vida guardándote una silla en mi futuro. Silla que, por cierto, tengo claro que jamás vas a querer.

En fin, lo que me revienta no es el beso, es que me llevó al infierno, que me hizo respirar por menos de un minuto, que me dio una noche de sueño, solo para matarme a la mañana siguiente con un “ahora sé que no significas nada”.

Ok, lo admito ¡Me gustas!

Hoy es día de cuento y de lecciones.

Hoy me toca admitir una realidad. He hablado de jugar con personas, de estar en relaciones de amigos con derechos, de no involucrarse; y hoy vengo a seguir con el tema.

Resulta que todo debe llevar un meticuloso proceso de elección, y resulta también que a mi se me hace imposible seguirlo. Siempre he dicho que mi gaydar está dañado, pero hoy tengo que admitir que es todo mi sistema de radar, GPA, WiFi, y cualquier otro medio de información. Aparentemente soy la peor mujer del mundo, no vine con esa intuición femenina o ese instinto que me permite saber cosas “porque soy mujer”.

He escrito miles de post sobre ser amigos con derechos, como este o este, pero la verdad es que hoy vengo a confesar que caí. El problema estuvo en la elección ¿Sabes cuando tomas algo de un vaso que está tapado y es diferente a lo que esperabas? Normalmente te sabe mal, luego lo entiendes, lo vuelves a probar y está mucho mejor. Bueno, yo salí a buscar algo para divertirme y me conseguí en una fiesta con un tipo que se me hizo bastante guapo, ligeramente simpático y tenía la pinta ideal de party boy con el que solo quieres jugar un rato.

Según mi intuición (que ya dijimos que no funciona) la segunda fiesta en la que lo vi fue la confirmación perfecta de eso ¡Listo! Tienes a la persona perfecta para poder divertirte y que al final del día no se te haga más que físicamente atractivo.

Y como todos saben por dónde va el camino después de eso, pues resulta que conforme más tiempo pasaba con él, sumándole además conversaciones constantes por Whatsapp, más lograba darme cuenta de lo equivocada de mi primera impresión. Sumado a una sesión de sexo increíble, donde más allá del contacto físico hubo una química que no podría negar; y una salida en la que el chico en cuestión volvió a demostrarme lo equivocada que estaba y lo fácil que es encajar con él.

Por supuesto que tiene que haber un problema: ese no era el plan.

Y no creo que ese sea el plan para él, además que siento pánico, muero del miedo cada vez que sus dedos recorren mi espalda hasta colocarse en mi cadera y acercarme a él. Me congelo cuando hemos estado en cama y me toma para acercarme. Me transformo en un ser de piedra con cero capacidad expresiva cuando me dice que o besaría a nadie frente a mi. Me tocó darme cuenta de que me encontré con alguien que comparte mis intereses, que no puede decir 2 palabras sin hacerme sonreír y que camina por mi cabeza al menos 3 veces al día.

Lo cierto es que el cuento acá va más por mi analfabetismo emocional y la forma como este ser humano, sin pensarlo, sin intentarlo y posiblemente sin quererlo, derrumbó toda barrera. Y por supuesto la estupidez de que esto venga a pasar cuando menos debe.

La verdad es que besas como nadie, y me encantaría guardarme un millón de besos más. Sé que dije que no quería un novio y tu tampoco, y la verdad es que eso tampoco es lo que necesito solo quiero saber si tu también sientes algo cuando se juntan nuestros labios, si hay el chance de que a las 2 am, cuando no puedas dormir, te cruzo por la mente. La dificultad es permitirme admitirlo, cuando pasan semanas sin verlo en persona.

Y entonces ¿Estoy sola en esto o le ha pasado a alguien más?

A veces se trata de stalkear en redes sociales

Por este post me querrán matar muchas, pero no es la primera vez que mi sinceridad deja al descubierto a miles de mujeres, por nuestros comportamientos inapropiados (que por supuesto negamos a morir).

Mi nombre es Astrid y soy stalker en redes sociales.

Es más confieso que mi cualidad de Social Media Manager me da miles de herramientas para llevar esto del stalkeo en redes a otro nivel. Y puedo asegurar que no soy la única que aprovecha este tipo de posición para hacerlo.

Ha llegado la hora de admitir que veo su perfil de Instagram mínimo una vez cada dos días hasta las fotos en las que está tageado, para saber que no anda con otra mujer. Por supuesto  que lo hago desde las cuentas que manejo como freelance, o como marca, para que si se me escapa un like pase desapercibida.

Tengo que admitir también que he pecado de dar clic en todos los nombres que aparentemente son de mujer que dan like a sus fotos (y a los de hombre también porque soy una enferma), para eso de verificar si alguna lo está haciendo para marcar territorio. Peor aún, confieso que me he metido también en las fotos en las que estas personas están tageadas, para asegurarme de que son cero bonitas y que en caso de que ande con alguna pues quizás exista la posibilidad de que me prefiera a mí.

Confieso que veo su Facebook en casi todo momento de ocio, y hago el mismo procedimiento que en Instagram: ver quienes son todas las mujeres a las que etiqueta en posts (a las que llamo “perras” por cierto, si ofendo a alguien lo siento, mi orgullo no distingue quienes de verdad lo merecen).

Me toca decir también que me tiembla el dedo cuando lo veo en Facebook Messenger, y cuando vengo con alguna estupidez la verdad es que me provoca escribir un “QUIÉREME IMBÉCIL”… así en mayúsculas a ver si reacciona.

Y es que a ciencia cierta la única razón por la que no lo stalkeo hasta por LinkedIn es porque esa red social es tan sapa que se enteraría al minuto de las dos mil visitas semanales a su perfil.

Podría decir que en Twitter me controlo porque solo veo los tweets, aunque a veces también le hecho un ojo a quienes lo han mencionado… por si acaso, ustedes saben…

Si, es una conducta muy poco sana.

Sería mil veces más maduro pasar por encima de todo esto y preguntarle su está con alguien, pero no me habla, así que él se lo buscó… bueno si me habla, pero no como antes. Ya no es mío como antes y ese es el problema, sigo buscando esa seña pequeña de que alguna parte de él es mía, de que por algún lugar se escapa un pensamiento para mí.

El punto es que todas lo hacemos, y estoy segura de que los hombres también lo hacen. Y la verdad… no pienso dejar de hacerlo.

Como dicen por ahí, quien esté libre de pecado que lance la primera piedra, solo procure no pegármela. Entonces ¿Quién se declara inocente de este comportamiento? O mejor aún ¿Qué es lo más lejos que han llegado stalkeando a alguien?.

No ser la persona correcta

Hay cosas en la vida que nos cambian por completo y lo mejor y único que podemos esperar es que lleguen en el momento correcto supongo. De igual forma al final abrí los ojos a una realidad que no sabía que existía.

Honestamente nunca pensé que alguien pudiera sentirse tan increíblemente feliz dentro de un ambiente tan miserable.

A mis 26 años  conocí (bueno lo conocí mucho antes, pero de esta edad comenzamos a tener una relación más cercana) a un tipo de persona que no sabía que existía, bueno a dos… a él y a la persona que me hacía ser. Para alguien que, como yo, no cree en la existencia “del amor de tu vida”, en la duración de un matrimonio fue imposible de aceptarlo, y por eso me temo que puedo decir que la persona correcta llegó en el momento incorrecto y lamentablemente eso hace la diferencia… porque gente: es mentira que cuando encuentren a la persona de su vida todo va a funcionar, ni siquiera si esa persona se enamora de ti y quiere pasar el resto de su vida contigo.

La pregunta es: ¿Por qué?

La respuesta: porque el mundo no es así de maravillosamente simple.

Los humanos somos tan emocionalmente complicados que logramos hacer de la vida algo complicado. Incluso si conseguimos a la persona correcta, falta que nosotros también seamos la persona correcta; si no somos capaces de entregarnos a una relación ese amor parte de un fracaso.

Porque se esta situación solo saldrá una cosa: una explosión emocional que solo dañará a la persona que amamos. Hay tantas formas en que pueden fallar las relaciones y los seres humanos que es increíble que logremos mantenerlas por más de un mes.

Y por supuesto de acá salen las miles de excusas que nos inventamos porque estamos totalmente asustados y en pánico ante la posibilidad de sentir por alguien y que nos hagan daño, como lo de querer enfocarnos en el trabajo, explorar el mundo, experimentar otras cosas, entre muchas otras mentiras de las que tratamos de convencernos cada día mientras nos sentimos terriblemente solos al colocar la cabeza en la almohada.

Sumado a esto la sensación de que nunca hemos estado enamorados, o que no somos capaces de sentir amor. La verdad es que no somos capaces de amar, pero no como lo decimos, la verdad es que no somos capaces de amar como la otra persona lo necesita… lo que no significa que no haya amor de por medio, y la prueba de esto es que cuando se acaba vas a sentir como por días te cuesta levantarte de la cama y respirar.

Se nos olvida esa sensación del amor que es apasionado, intoxicante y que nos consume… acompañado por calma, cariño y apoyo; porque para muchos de nosotros esto ya no existe, porque solo hace daño.

El problema es que no podemos amar, porque amar así implica dar una parte de nosotros, y a veces nos negamos a entregarla, porque sabemos lo mal que nos sentiremos si la perdemos y no decidimos tomar el riesgo porque se siente grande e intimidante.

¿Qué haces cuando consigues a la persona correcta pero no puedes amarla como se debe? Pues nada… debes dejarla ir. Y esta será una de las decisiones más difíciles de tu vida, porque mientras más largas se hagan la distancia y el tiempo más te darás cuenta del amor que sentías y de tu incapacidad.

Y ahí solo quedan dos caminos:

  • Esperar a conocer otra persona correcta, pero en el momento correcto.
  • Darse por vencido en lo relativo al amor.

El problema es que no hay peor forma de vivir que renunciar al prospecto de encontrarlo.

De Malas Decisiones y Corazones Rotos

Me parte cuando tengo que escucharte decir que fuiste una persona antes de mí y otra después, porque sé que no fue para bien esa transformación, pero ese no es el tema… hoy les cuento como llegas a entrar de forma voluntaria a un cuarto donde sabes que solo se romperá tu corazón.

Siempre he tenido en mente que no eres una persona que pueda tomarme a la ligera, todo contigo tiene tanto peso que esa mañana un “Hey ¿Qué más?” me desarmó por completo, tuve que pararme de mi puesto de trabajo y salir a tomar aire porque me falta espacio. Porque tú eres la razón de este hueco que llevo dentro que me recuerda a cada minuto que le hice demasiado daño a una de las personas más importantes que he tenido en mi vida.

Ese día es un borrón en mi cabeza después del saludo, sé que hablamos pero no puedo recordar qué te dije. Llega a mi cabeza algún recuerdo de hablar sobre mi prima, trabajo y cosas; pero nada claro. Y llegó mi cumpleaños, que siempre tiene esa mala costumbre de ser una razón para desatar lo absurdo.

Te invité y me vestí teniéndote en mente. Usé shorts porque mis piernas son mi mejor atributo, y unos tacones extremadamente altos para estar a tu altura y dar esa vibra de chica mala. Una camisa de Nirvana para que no olvides mis gustos y personalidad, con una chaqueta de cuero, pero me derretí apenas pasaste por la puerta, porque no importa el tiempo que ha pasado, siempre has sido tú.

Pasé la noche con mi atención en ti, en nuestra conversación y con esa estúpida sensación de que no habían pasado sino días desde la última vez que hablamos. Hablamos de la vida, de los planes, de la familia y de todas esas cosas que conocemos el uno del otro mientras tomábamos hasta el amanecer, porque así son las cosas contigo… hasta los extremos.

Y la verdad es que me fui sin ningún rasguño ese día solo porque no lo intentaste.

Pero tuve que insistir, este hueco que tengo por dentro desde los 18 años no me podía dejar en paz y me hizo perseguirte. Hablamos mucho esos días, hablamos como si fuéramos de nuevo mejores amigos, como si nada pasaba y yo… yo era feliz.

Era feliz hasta que me vino esa estúpida idea a la cabeza, invitarte por unas cervezas, porque siempre tuve esa imagen en mi cabeza de hablar y aclarar nuestras vidas en una mesa con una cerveza de por medio, porque no eres un tipo de tomar café. Y con la idea vino una ejecución fastuosa que terminó, obviamente, en cervezas de más y una invitación a un Bar, a lo que me negué más de 6 veces.

El problema es que de alguna forma me convencí de que todo estaba bien cuando no era cierto.

Y ahí gente… ahí vino el error, cuando nos lanzamos a la piscina pensando que es profunda y tenemos espacio, pero pegamos con el suelo.

Te seguí el juego sucio y me dejé convencer de abrirte mi cuarto y mi cama. El problema es que contigo nunca he podido cerrar el corazón.

Tuve que detenerte, no por miedo a que llegara alguien, ni por estar cansada… tuve que detenerte porque no pude manejarlo. Porque sentí como algo en mi pecho se volvía pedazos, se prendía en fuego y al mismo tiempo se volvía oscuro, sentí lo que todos sentimos cuando se rompe nuestro corazón un vacio inmenso e incurable. Sentí como me arrancaban algo, juraría haber escuchado como se desgarraba mi corazón en medio de ese cuarto oscuro y fue como si tus manos me arrancaran la piel por donde pasaban.

Me di cuenta de que era demasiado para mí, que no estaba preparada y no iba a poder salir ilesa de esto. Me di cuenta de que era muy tarde, pero tuve que detenerte, ponerme la ropa como pude y llevarte fuera de mi casa.

No dormí sabes, pasé toda la noche en vela con mil pensamientos en la cabeza sobre la vida, el pasado, el futuro y todo aquello que tenía que ver contigo. Quise desaparecer, borrarme del planeta y ser aire como la canción de Mecano.

No lo sabes, y no fue tu culpa, pero esa noche me destruiste. Me demostraste lo débil que soy y el poco control que tengo de mis emociones, esa noche me mostraste lo peor de mis emociones. El hueco que llevaba por dentro no solo se hizo más grande, esa noche me absorbió.

Y luego desapareciste, fuiste tú quien se hizo aire y se borró del planeta. Y estoy segura de que en algún rincón oscuro tu mente estaba consciente de lo que pasaba por mi cabeza y una parte muy retorcida de tu personalidad disfrutó ese pedacito de venganza.

Y tuve que ser yo la que aligerara toda la situación con un “no significó nada, solo somos amigos” tan frío y estandarizado que me da nauseas y tu lo creíste, o pretendiste creerlo porque era más sencillo que vivir con eso que yo viví estos 6 años: la impotencia y frustración de haberle roto el corazón a una persona que respiraba solo para ti.