Aprendiendo a jugar

Lets_Play

El otro dia hablando con una amiga vino a mi cabeza una frase de esas que te parecen una iluminación divina: “Si vas a jugar con alguien asegúrate de calcular bien, porque quizás la llevas al límite antes de darte cuenta”

Y esto aplica en TODA situación, si vas a jugar con alguien sentimentalmente, físicamente, si vas a hacer presión en el trabajo, si vas a ponerte a echar broma con ella, entre muchos otros ejemplos. Me recordé de la típica frase de preescolar que las maestras te dicen que “hay que saber jugar”.

Todo esto vino a que nos encontramos en situaciones donde chicos, jefes y otras personas decidieron “jugar” con nosotras y salieron, como dicen en Venezuela, con las tablas en la cabeza por no darse cuenta de que estaban empujando un límite que no se toca en nuestro caso.

Mi mamá dice que yo me gobierno desde que tengo 15 años, mi papá insiste en que siempre he hecho lo que me da la gana y mi hermano muy sabiamente dijo que el día que yo me case es porque conseguí un tipo que “me ponga en mi lugar” sin referirse a violencia si no básicamente un tipo que no me deje hacer lo que le dé la gana, o que al menos negocie los límites conmigo.

La frase nació porque un chico A supuestamente gusta de una chica B, resulta que el chico A pasa meses insistiendo para salir con la chica B, pero en el momento en que lo logra, salen, pasan una buena noche y cada quien se va a casa habiendo evitado terminar bajo las sábanas a como diera lugar el chico A desaparece por completo. Lo mismo me ocurrió, la diferencia es que en mi caso no hubo manera de evitar quedar bajo las sábanas.

El hecho es que tanto esta chica A como yo somos personas de carácter fuerte, decisiones apresuradas y cambios emocionales rápidos y secos; somos personas capaces de verte a la cara y decirte “no juegues conmigo porque no puedo manejarlo, porque me gustas increíblemente demasiado y no puedo mantener mis pantaletas puestas cuando estas cerca”, así como somos capaces de ver a la cara y decir “Solo quiero llevarte a la cama porque eso es para lo único que me gustas” o incluso “Podemos seguir esta relación pero tienes que estar claro de que yo ya no te quiero”, porque somos así secas, directas y sin filtro o pelos en la lengua.

Somos el tipo de persona con el que tienes que saber jugar, porque si las reglas no están claras puedes salir con las tablas en la cabeza. Somos seres tolerantes, pero si te equivocas vas a recibir un balde de agua, porque nuestra sinceridad e indiferencia puede ser demasiado cruda, y no es por mal, no es un instinto de venganza, es simplemente que preferimos definir las cosas de forma racional y dejarlas en un lugar donde no jodan mucho, porque no vamos a estar perdiendo el tiempo con gente, situaciones o momentos que al final del día no van a sumar nada a nuestra vida.

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Una cosa es cierta, los límites son importantes al momento de estar, jugar, compartir y vivir con alguien, ya sea jefe, novio, crush, amigo o demás. En la vida tenemos que aprender a jugar para que no llegue el mundo a echarnos un balde de agua fría en la cabeza, porque personas secas, sinceras y demasiado honestas abundan en este mundo, y ninguna de ellas se van a sentar a esperarte en la acera mientras tu decides qué quieres con la vida o aprendes a pedir las cosas, hablarlas y llevarlas a cabo de forma clara.

Aprende a jugar, no vayas por la vida probando los límites de las personas porque siempre es más fácil tener a la gente por lado bueno a luego correr a arreglar las cosas.

Aprende a jugar, porque el que no sabe jugar es el niño de preescolar al que un día el otro harto le lanza el balón directo a la cabeza solo por el placer de hacerlo llorar… o lo muerde quien sabe.