Propósitos 2019

Este año decidí ser real con mis propósitos (pero también presionarme un poco) Y me lancé 24 propósitos que me harén crecer como ser humano (hice alguna cuenta tipo 2 por mes, seguro la extiendo)

Así que acá les dejo una muestra de la persona en la que me quiero convertir en 2019:

  1. Aprender a ver el lado positivo de las críticas
  2. Decirle a la gente que la quiero sin excusas ni explicaciones
  3. Aprender que no puedo crecer en una sola dirección
  4. No odiarme por sentirme atascada
  5. Olvidarme de lo que otros esperan de mi y concentrarme en lo que yo necesito de mi
  6. No dedicarme a personas que no me dedican su tiempo o consideración
  7. Acumular al menos 300 días de ejercicio
  8. Aprender algo nuevo (un instrumento, un idioma, una filosofía de vida…)
  9. Cambiar de país
  10. Aprender a aceptar mis errores
  11. Aprender a dejar ir y perdonar mis errores
  12. Estudiar cualquier cosa que involucre marketing o managment deportivo
  13. No perseguir a personas que me hacen daño
  14. Terminar 20 libros
  15. Aprender a no discutir sin salida
  16. Salir conmigo misma una vez al mes
  17. HUIR DE LAS RELACIONES TÓXICAS (en todo ámbito)
  18. Nada de sexo hasta la 4ª cita (al menos)
  19. Dos semanas sin tomar, cada dos meses
  20. Conocer 3 nuevos lugares fuera de CDMX
  21. Meditar
  22. Caminar más, usar menos Uber
  23. Encontrar mi espacio
  24. Ser solidaria y contarle a toda mujer con novio si su pareja intenta algo conmigo

Pregunta clave

Siempre me ha pasado que me pregunto:

¿Será que si a este dude le escribo a las 3 pm una pendejada sonríe o dice que intensa esta mujer escribiéndome?
Lo cual me lleva a buscar un método de hacer esa pregunta sin que sea una intensidad. Evidentemente todo tiene que ocurrir en persona para que no existan malentendidos, pero creo que tengo la pregunta perfecta para tantear el terreno y tener una idea de dónde estás parado con alguien. Podría ser tan simple como preguntarle:

¿Qué pasa si un día me presento en tu casa en ropa interior solo con un abrigo encima?
Ahora por qué esta pregunta. Pues fácil, la respuesta te va a decir tres cosas que quieres saber.

  1. Si te dice que claro que puedes, ya sabes que no hay chance de que lo encuentres con alguien más, por lo que ya libraste la pregunta de ¿Sales con otra persona? Sin poner tanta presión.
  2. La respuesta te va a decir qué tanta libertad tienes sin incomodar. Una respuesta positiva implica que también es posible que caiga bien un mensaje a mediodía solo para ver cómo va y abrir una conversación sin el “que intensa esta mujer”.
  3. Si dice que le gusta también le aclaraste a él lo que quieres hacer y ya sabe por dónde va, además de darle una idea del tipo de persona que eres.
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Dating en tiempos de globalización

Comencemos por un hecho: tengo 9 meses viviendo en México.

Sigamos con otro: en los últimos 2 años de mi vida no he tenido que perseguir a ningún chico, ni tener “la conversación”, porque estos últimos 9 meses no entiendo NADA de lo que ocurre, y los meses anteriores tenía un novio que desde el minuto en que me robó un beso me dejó bien claro cuales eran sus intenciones.
Entonces, para todos los que no entienden mi locura desde que estoy en México.

Acá les voy a dejar una explicación de las diferencias entre “salir con alguien” en Venezuela y “salir con alguien” en México. Sobretodo les contaré de actitudes y luego iremos viendo cómo evoluciona esto (hacia el fracaso en el caso de México porque uta no pego la primera).

El hombre venezolano es intenso. Si le gustas te va a escribir todos los días, te va a invitar a salir más de una vez a la semana, el tipo no puede soportar pensar en darte tiempo de salir con alguien más. PERO (que vaina con el pero) el venezolano va a mantenerse frío e indiferente hasta que pase un tiempo.

El hombre mexicano es muy diferente, él cumple con la regla de no escribirte por días, quiero pensar que para no parecer desesperado, pero todavía no entiendo en qué están pensando. No lo vas a ver más de una vez a la semana, ni que haga erupción el Popo. Honestamente creo que el tipo espera que no estés saliendo con alguien más, pero no se ocupa en que no te de tiempo de hacerlo. Contrario al venezolano, el mexicano va a ser intenso a nivel de cómo te hace sentir, es decir: vas a ser la mujer de su vida y lo mejor que ha encontrado en el planeta, por 24 horas.

El hombre venezolano ha perdido la costumbre de abrirte la puerta, arrimarte la silla, y hasta de pagar la cuenta (gracias a la crisis, no los juzgo muchachos). El venezolano se vuelve tu cómplice, no te pone en un pedestal, es más mientras más tiempo pasa más van al mismo nivel y como digo: terminan siendo cómplices en todo.

El mexicano no va a entender que pasa contigo si no le permites eso. Él te va a tratar como una princesa, te va a poner en un pedestal y tenga mucho cuidado de cómo se baja usted de ahí porque puedes ser “demasiado independiente” o como dirían “too much to handle”. Acá lo que funciona es cumplir con su papel de princesa el 50% del tiempo, hacerse la pendeja 45% del tiempo y ser una demente el 5% para que nadie entienda qué pasa.

Con el venezolano todo comienza “light” todo es un “bueno sí salimos y tal, pero nada serio” hasta que las cosas se hacen costumbre, deciden que si se gustan y pues se enseria el bochinche que llevaban.

Los mexicanos son diferentes, con ellos si quieres algo serio de nuevo ¡pilas! Porque si vas muy rápido: valiste. Así, sin explicación… acá todo va lento, no solo la gente caminando en la calle. Es un juego de paciencia, decir que no mil veces hasta que bueno, usted vea hasta cuando quiere mantenerlo.

En fin…

Esto es solo un intro a lo que viene, porque evidentemente esto va a tener capítulos a ver si alguien me explica qué me he perdido porque no he entendido ni medio de mis últimos fracasos.

Dame un break

Hay días de días. En la mayoría nos levantamos normal, en algunos no queremos levantarnos, en otros comenzamos más felices.

Hoy te pido: dame un break. Déjame respirar un poco porque no quiero ni pararme de la cama.

Regalame un día para mí, una noche para mis amigas, 24 horas de espacio, de aire, de respiro.

Dame 24 horas para tener una aventura conmigo misma. Llevo meses en esto, meses contigo, meses a tu lado y hoy necesito un día, solo te pido eso: un día.

Esos besos

En la vida hay diferentes tipos de besos. Hay besos que no son relevantes, están esos que siempre recordarás, existen los que te hacen volar y luego está ese… ese que me diste esa noche, ese que me hundió hasta el infierno y que luego me arrastró un poco más allá.

Ese beso que solo me recuerda que soy culpable, que me equivoqué.

Ese beso que me dice que corrí a ti, que no lo pensé dos veces y me vestí para ti.

El que me rompe porque me obliga a admitir que llamaste y fui, que cuando recibí tu mensaje sentí nauseas.

El que me recuerda que hiperventilé cuando escuché tu voz en el teléfono.

El que me mata porque me obliga a admitir que no te puedo odiar por romperme el corazón.

¿Saben esas personas que se deprimen y lo usan para inspirarse? Eso jamás me pasa, conmigo el dolor solo se traduce en fingir una sonrisa en medio de una crisis emocional, en una risa falsa e incómoda cuando alguien dice “ustedes se aman” y me toca responder: “no, el me odia”… sin completarlo, por supuesto, porque quién carajo quiere admitir que está enamorado de alguien que no siente lo mismo.

Odio ese estúpido beso que me dice que estábamos destinados a ser felices, a estar juntos y ser estúpidamente felices… pero lo hicimos mal, o lo hice mal, o todo salió mal y ya que carajo.

El que me aterrizó en el hecho de que jamás serás mío, y que además me recuerda que a ti eso no te afecta.

Ese beso que me dijo que no te vas a levantar un día arrepintiéndote de no haber peleado por esto.

El que me hace admitir que no me vas a perder, que es posible que me pase el resto de la vida guardándote una silla en mi futuro. Silla que, por cierto, tengo claro que jamás vas a querer.

En fin, lo que me revienta no es el beso, es que me llevó al infierno, que me hizo respirar por menos de un minuto, que me dio una noche de sueño, solo para matarme a la mañana siguiente con un “ahora sé que no significas nada”.

A veces se trata de stalkear en redes sociales

Por este post me querrán matar muchas, pero no es la primera vez que mi sinceridad deja al descubierto a miles de mujeres, por nuestros comportamientos inapropiados (que por supuesto negamos a morir).

Mi nombre es Astrid y soy stalker en redes sociales.

Es más confieso que mi cualidad de Social Media Manager me da miles de herramientas para llevar esto del stalkeo en redes a otro nivel. Y puedo asegurar que no soy la única que aprovecha este tipo de posición para hacerlo.

Ha llegado la hora de admitir que veo su perfil de Instagram mínimo una vez cada dos días hasta las fotos en las que está tageado, para saber que no anda con otra mujer. Por supuesto  que lo hago desde las cuentas que manejo como freelance, o como marca, para que si se me escapa un like pase desapercibida.

Tengo que admitir también que he pecado de dar clic en todos los nombres que aparentemente son de mujer que dan like a sus fotos (y a los de hombre también porque soy una enferma), para eso de verificar si alguna lo está haciendo para marcar territorio. Peor aún, confieso que me he metido también en las fotos en las que estas personas están tageadas, para asegurarme de que son cero bonitas y que en caso de que ande con alguna pues quizás exista la posibilidad de que me prefiera a mí.

Confieso que veo su Facebook en casi todo momento de ocio, y hago el mismo procedimiento que en Instagram: ver quienes son todas las mujeres a las que etiqueta en posts (a las que llamo “perras” por cierto, si ofendo a alguien lo siento, mi orgullo no distingue quienes de verdad lo merecen).

Me toca decir también que me tiembla el dedo cuando lo veo en Facebook Messenger, y cuando vengo con alguna estupidez la verdad es que me provoca escribir un “QUIÉREME IMBÉCIL”… así en mayúsculas a ver si reacciona.

Y es que a ciencia cierta la única razón por la que no lo stalkeo hasta por LinkedIn es porque esa red social es tan sapa que se enteraría al minuto de las dos mil visitas semanales a su perfil.

Podría decir que en Twitter me controlo porque solo veo los tweets, aunque a veces también le hecho un ojo a quienes lo han mencionado… por si acaso, ustedes saben…

Si, es una conducta muy poco sana.

Sería mil veces más maduro pasar por encima de todo esto y preguntarle su está con alguien, pero no me habla, así que él se lo buscó… bueno si me habla, pero no como antes. Ya no es mío como antes y ese es el problema, sigo buscando esa seña pequeña de que alguna parte de él es mía, de que por algún lugar se escapa un pensamiento para mí.

El punto es que todas lo hacemos, y estoy segura de que los hombres también lo hacen. Y la verdad… no pienso dejar de hacerlo.

Como dicen por ahí, quien esté libre de pecado que lance la primera piedra, solo procure no pegármela. Entonces ¿Quién se declara inocente de este comportamiento? O mejor aún ¿Qué es lo más lejos que han llegado stalkeando a alguien?.

“Pero” es sinónimo de HUYE

tumblr_lx1fv03JZI1qecjieo1_500De nuevo he pasado tiempo lejos de aquí, pero se hace inevitable volver.

Una vez hablé de los amores épicos, hablé de cómo son inagotables y jamás dejas de sentirlos. He hablado de cómo tenemos que conocer nuestros límites cuando se trata de jugar con alguien o permitir que alguien juegue contigo.

Hoy les voy a hablar de la peor palabra que existe cuando estamos hablando con alguien con quien mantenemos o queremos una relación, la palabra más peligrosa que nos pone justo en la línea de rompernos o de romper a alguien. La palabra “pero”

Ese maldito “pero” que viene después de un “yo te quiero…” o un “me encantaría estar contigo…”

Y es un potencial rompimiento de corazón y espíritu porque lo que viene detrás nunca es positivo.

Ese “pero” es la indecisión humana puesta en una frase, es tóxico y atenta contra nuestra salud mental. Ese “pero” es el complemento perfecto para una frase que jamás debió salir de la boca de la persona frente a nosotros.

Chicas, mi recomendación: CORRAN, huyan lo más lejos posible al primer “pero”. Quien de verdad quiera estar con ustedes no pondrá peros al final de las frases, a menos que sea un “te quiero pero mucho más que tu a mi” o “me encantaría estar contigo pero hoy tengo que trabajar ¿Podemos salir mañana?”

Porque quien le pone peros a estar juntos le pondrá peros al tiempo juntos, a estar juntos en público, a conocer a tu familia y a su estatus de relación.

Así que olvidémos los peros y busquemos al otro que está parado 100 mts más allá, dispuesto a querernos sin peros.

Y que me corrija alguien si me equivoco, pero lo que comienza con “peros” termina mal ¿No?

Aprendiendo a jugar

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El otro dia hablando con una amiga vino a mi cabeza una frase de esas que te parecen una iluminación divina: “Si vas a jugar con alguien asegúrate de calcular bien, porque quizás la llevas al límite antes de darte cuenta”

Y esto aplica en TODA situación, si vas a jugar con alguien sentimentalmente, físicamente, si vas a hacer presión en el trabajo, si vas a ponerte a echar broma con ella, entre muchos otros ejemplos. Me recordé de la típica frase de preescolar que las maestras te dicen que “hay que saber jugar”.

Todo esto vino a que nos encontramos en situaciones donde chicos, jefes y otras personas decidieron “jugar” con nosotras y salieron, como dicen en Venezuela, con las tablas en la cabeza por no darse cuenta de que estaban empujando un límite que no se toca en nuestro caso.

Mi mamá dice que yo me gobierno desde que tengo 15 años, mi papá insiste en que siempre he hecho lo que me da la gana y mi hermano muy sabiamente dijo que el día que yo me case es porque conseguí un tipo que “me ponga en mi lugar” sin referirse a violencia si no básicamente un tipo que no me deje hacer lo que le dé la gana, o que al menos negocie los límites conmigo.

La frase nació porque un chico A supuestamente gusta de una chica B, resulta que el chico A pasa meses insistiendo para salir con la chica B, pero en el momento en que lo logra, salen, pasan una buena noche y cada quien se va a casa habiendo evitado terminar bajo las sábanas a como diera lugar el chico A desaparece por completo. Lo mismo me ocurrió, la diferencia es que en mi caso no hubo manera de evitar quedar bajo las sábanas.

El hecho es que tanto esta chica A como yo somos personas de carácter fuerte, decisiones apresuradas y cambios emocionales rápidos y secos; somos personas capaces de verte a la cara y decirte “no juegues conmigo porque no puedo manejarlo, porque me gustas increíblemente demasiado y no puedo mantener mis pantaletas puestas cuando estas cerca”, así como somos capaces de ver a la cara y decir “Solo quiero llevarte a la cama porque eso es para lo único que me gustas” o incluso “Podemos seguir esta relación pero tienes que estar claro de que yo ya no te quiero”, porque somos así secas, directas y sin filtro o pelos en la lengua.

Somos el tipo de persona con el que tienes que saber jugar, porque si las reglas no están claras puedes salir con las tablas en la cabeza. Somos seres tolerantes, pero si te equivocas vas a recibir un balde de agua, porque nuestra sinceridad e indiferencia puede ser demasiado cruda, y no es por mal, no es un instinto de venganza, es simplemente que preferimos definir las cosas de forma racional y dejarlas en un lugar donde no jodan mucho, porque no vamos a estar perdiendo el tiempo con gente, situaciones o momentos que al final del día no van a sumar nada a nuestra vida.

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Una cosa es cierta, los límites son importantes al momento de estar, jugar, compartir y vivir con alguien, ya sea jefe, novio, crush, amigo o demás. En la vida tenemos que aprender a jugar para que no llegue el mundo a echarnos un balde de agua fría en la cabeza, porque personas secas, sinceras y demasiado honestas abundan en este mundo, y ninguna de ellas se van a sentar a esperarte en la acera mientras tu decides qué quieres con la vida o aprendes a pedir las cosas, hablarlas y llevarlas a cabo de forma clara.

Aprende a jugar, no vayas por la vida probando los límites de las personas porque siempre es más fácil tener a la gente por lado bueno a luego correr a arreglar las cosas.

Aprende a jugar, porque el que no sabe jugar es el niño de preescolar al que un día el otro harto le lanza el balón directo a la cabeza solo por el placer de hacerlo llorar… o lo muerde quien sabe.

 

Juegos Peligrosos

Hoy me levanté y me dije a mi misma “Mi-Misma por favor entiende que jugaste con fuego y te quemaste… una vez más…” por no decirme que era la millonésima vez.

No conozco a la primera mujer que, como yo, no tenga un punto débil, y este punto débil muchas veces es un hombre. Yo tengo dos, uno es el novio perfecto, el otro es el amante ideal ¿Por qué la diferenciación? Porque el segundo no puede ser el novio ideal, a menos que estés dispuesta a compartirlo con otras mujeres –que perro puedes llegar a ser-  digo con unas 10 mujeres.

Con el segundo podemos acercarnos al fuego todo lo que queramos y jamás nos vamos a quemar. De hecho el amante está hecho solo para ser tratado como un juguete, lo tenemos ahí cuando estamos aburridos, pero no lo vamos a llevar en la cartera a todos lados.

Mientras que el novio ideal puede dejarnos serias quemaduras de tercer grado si tratamos de jugar con él, sobretodo si sus intenciones son literalmente jugar contigo. ¿Por qué lo digo? Porque me acaba de pasar… me dejé llevar por la situación y me entregué al “juego” solo para salir más golpeada que Rocky en cualquiera de sus películas.

La conclusión: chicas, aprendan a verse en el espejo y ser honestas con ustedes mismas, si quieren salir a jugar háganlo, sepan identificar a ese ser que solo quiere jugar con ustedes, pero sobretodo sepan identificar cuando ustedes no estén listas para que eso sea solo un juego. De nada nos sirve ir por la vida resbalándonos con tipos que no están dispuestos a levantarnos o al menos lanzarse al barro con nosotras.

Es decir: no se vayan a la cama con un tipo que les importa si este tipo solo las quiere llevar a la cama, y no al cine, a bailar o al menos a tomar un refresco.  Porque el se va a ir del cuarto sonriendo, igual que ustedes, pero en varios días el seguirá sonriendo y tu estarás de cama con el celular al lado y conectada en cuanto chat, Messenger, email, Gtalk, Skype, Facebook y demás se pueda por si “él decide escribir”… les cuento que eso NO va a pasar porque posiblemente este muy ocupado en la cama de otras chicas.

Así que bájense conmigo de esa nube, y si ya se resbalaron pues a limpiarse, cambiarse y seguir caminando, sin mirar atrás. No es fácil ignorar ese elefante gigante que camina detrás de nosotras, pero quizás con el tiempo la costumbre lo hará normal y podremos seguir disfrutando de la vida sin notarlo aprovechando al máximo ese universo paralelo que somos las mujeres.

Serendipity: Coincidencias o Inevitabilidad

serendipityMe quedé con esta frase en la cabeza “no existen las coincidencias, solo lo inevitable” y para quien no me conoce esto solo pone en evidencia que llevo una nerd por dentro que ama con pasión y locura el Anime Japonés.

El asunto acá está en que en este momento me doy  cuenta de que quizás es lo más cierto que ha salido del cerebro de algún creativo guionista con mente de filósofo de la vida. Los momentos cruciales en la vida nos llegan a todos, los errores los cometemos todos y las segundas oportunidades no nos las dan a todos y todo esto es inevitable, no es una simple coincidencia.

Pasé  años buscando una segunda oportunidad como loca (en teoría sería una tercera, pero quien está contando…) la perseguí cual mujer desesperada por un pedazo de chocolate luego de un mes de dieta; y demás está decirles que jamás llegó. Resulta que me di por vencida, deseé felicidad y me dedique a otras cosas, porque me sentí como el perro que persigue su cola hasta que eventualmente se agota, pues yo me agoté.

Pero el mundo no puede dejarnos en paz y la vida tiene que divertirse con nosotros  con el viejo truco de conseguir lo que buscabas cuando estás en otra cosa. Resulta que cuando estaba más concentrada en mi cotidianidad el fulano Chat de Facebook (yo sabía que había una razón por la cual JAMÁS me conectaba a ese fulano chat) decidió volver a la vida con el hola más inoportuno, sorpresivo, inesperado y reconfortante del mundo.  Demás está describirles lo que vino… un calor, bajo de tensión, hiperventilación y un “coño ya va mujer contrólate… no tan rápido, se una mujer grande, hazte la interesante y tómate unos minutos para responder”

Obviamente me tome mi tiempo, pero no porque soy una mujer interesante, si no porque nada en la vida me había preparado para ese saludo y después de una conversación de horas entendí porque había pasado tantos años persiguiéndome la cola antes de echarme al suelo agotada (sin importar que los demás estuvieran viéndome hacer el ridículo) porque las vainas cuando encajan, encajan y dentro de ti sabías que iba a ser así .

No existen las coincidencias… solo existe lo inevitable (y lo realmente inoportuno). Supongo en este momento que lo inevitable es ese feeling de zumbido constante en mi cabeza y el desastre de voces en mi cabeza que lanza frases locas como “no caigas”, “¡LÁNZATE”,  “no te emociones”, “este es el momento”, “no significa nada”, “esto es solo un juego”, “no leas entre líneas”, “esto es el destino” y demás cosas que solo el cerebro femenino es capaz de producir en situaciones como estas.  Y el encontrarte de nuevo con esa persona que honestamente jamás dejó de existir.

Súmale a esto la mala influencia de tus amigas emocionadas por lo que podría ser la historia más romántica de tu vida, la manifestación en vivo del concepto de Serendipity, el hallazgo de la última Coca Cola del planeta, entre muchos otros imposibles. Y siéntate a esperar un poco de cordura… porque sentarte a esperar es lo único que te queda cuando te quitan el suelo de los pies así de golpe.

El problema no es que las mujeres seamos más o menos emocionales, el problema es que la vida juega con estas coincidencias, o cosas inevitables, para emocionarnos y quizás, solo quizás, dejarnos ser felices un rato… eso si tenemos suerte porque lo más probable es que todo esto sea producto de tu imaginación, el Fulano solo quieres “ser amigos” y al final del día le pide que le presentes a tu amiga, esa la flaca de las tetas enormes, a la que tu amas pero que solo por ese momento vas a querer aplastar.  Porque así es la vida: ingrata, inoportuna, vengativa y destructora (al menos de a momentos)

La pregunta no es qué tan inevitable es terminar con el corazón roto cuando se trata del amor de tu vida. Es cuánto tiempo vas a pasar con los pantalones puestos, cuantos tragos te puedes tomar antes de que le digas todo lo que piensas en realidad y hasta que hora vas a poder mantener esa posición de mujer dura, independiente e inalcanzable con alguien que sabe hasta cómo respiras cuando duermes.