Lo hice con su mejor amigo

Hoy vengo a confesar una cosa: lo hice con su mejor amigo, y me toca hablar de eso.

Lo difícil fue tomar la decisión.

Fue tomar el teléfono y decirle “salgo a las 7”.

Lo difícil fue no parar a mitad de camino.

Quisiera poder lanzarme una de moral y luces y decir que mi consciencia me gritaba que no lo hiciera, pero no es cierto. La verdad es que la voz en mi cabeza hacía lo contrario… me empujaba, me impulsaba.

A ver, al final del día él tiene novia.

Si si… estoy tratando de justificar algo que claramente está mal, pero la verdad es que no me queda claro qué tan mal está. Qué tan mal puede estar algo que te generó al menos 3 orgasmos en una noche ¿No tan mal verdad?

Y al final del día, él fue quien decidió besarme solo para decirme que ya no sentía nada ¿Eso no justifica que yo bese a su amigo para ver si es cierto? Ok, fue más que besar, pero es que no tenemos 15 pues…

Bueno la verdad es que solo quería decir que si, lo hice con su mejor amigo.

Si, crucé la raya.

Y si, estoy clara que después de esto no hay vuelta atrás. Y el que me conoce entiende que posiblemente esa era la intención, saber que hay algo peor que él jamás me perdonaría, para así ni siquiera tomarme el tiempo de volver a buscarlo.

Ok, lo admito ¡Me gustas!

Hoy es día de cuento y de lecciones.

Hoy me toca admitir una realidad. He hablado de jugar con personas, de estar en relaciones de amigos con derechos, de no involucrarse; y hoy vengo a seguir con el tema.

Resulta que todo debe llevar un meticuloso proceso de elección, y resulta también que a mi se me hace imposible seguirlo. Siempre he dicho que mi gaydar está dañado, pero hoy tengo que admitir que es todo mi sistema de radar, GPA, WiFi, y cualquier otro medio de información. Aparentemente soy la peor mujer del mundo, no vine con esa intuición femenina o ese instinto que me permite saber cosas “porque soy mujer”.

He escrito miles de post sobre ser amigos con derechos, como este o este, pero la verdad es que hoy vengo a confesar que caí. El problema estuvo en la elección ¿Sabes cuando tomas algo de un vaso que está tapado y es diferente a lo que esperabas? Normalmente te sabe mal, luego lo entiendes, lo vuelves a probar y está mucho mejor. Bueno, yo salí a buscar algo para divertirme y me conseguí en una fiesta con un tipo que se me hizo bastante guapo, ligeramente simpático y tenía la pinta ideal de party boy con el que solo quieres jugar un rato.

Según mi intuición (que ya dijimos que no funciona) la segunda fiesta en la que lo vi fue la confirmación perfecta de eso ¡Listo! Tienes a la persona perfecta para poder divertirte y que al final del día no se te haga más que físicamente atractivo.

Y como todos saben por dónde va el camino después de eso, pues resulta que conforme más tiempo pasaba con él, sumándole además conversaciones constantes por Whatsapp, más lograba darme cuenta de lo equivocada de mi primera impresión. Sumado a una sesión de sexo increíble, donde más allá del contacto físico hubo una química que no podría negar; y una salida en la que el chico en cuestión volvió a demostrarme lo equivocada que estaba y lo fácil que es encajar con él.

Por supuesto que tiene que haber un problema: ese no era el plan.

Y no creo que ese sea el plan para él, además que siento pánico, muero del miedo cada vez que sus dedos recorren mi espalda hasta colocarse en mi cadera y acercarme a él. Me congelo cuando hemos estado en cama y me toma para acercarme. Me transformo en un ser de piedra con cero capacidad expresiva cuando me dice que o besaría a nadie frente a mi. Me tocó darme cuenta de que me encontré con alguien que comparte mis intereses, que no puede decir 2 palabras sin hacerme sonreír y que camina por mi cabeza al menos 3 veces al día.

Lo cierto es que el cuento acá va más por mi analfabetismo emocional y la forma como este ser humano, sin pensarlo, sin intentarlo y posiblemente sin quererlo, derrumbó toda barrera. Y por supuesto la estupidez de que esto venga a pasar cuando menos debe.

La verdad es que besas como nadie, y me encantaría guardarme un millón de besos más. Sé que dije que no quería un novio y tu tampoco, y la verdad es que eso tampoco es lo que necesito solo quiero saber si tu también sientes algo cuando se juntan nuestros labios, si hay el chance de que a las 2 am, cuando no puedas dormir, te cruzo por la mente. La dificultad es permitirme admitirlo, cuando pasan semanas sin verlo en persona.

Y entonces ¿Estoy sola en esto o le ha pasado a alguien más?

De Malas Decisiones y Corazones Rotos

Me parte cuando tengo que escucharte decir que fuiste una persona antes de mí y otra después, porque sé que no fue para bien esa transformación, pero ese no es el tema… hoy les cuento como llegas a entrar de forma voluntaria a un cuarto donde sabes que solo se romperá tu corazón.

Siempre he tenido en mente que no eres una persona que pueda tomarme a la ligera, todo contigo tiene tanto peso que esa mañana un “Hey ¿Qué más?” me desarmó por completo, tuve que pararme de mi puesto de trabajo y salir a tomar aire porque me falta espacio. Porque tú eres la razón de este hueco que llevo dentro que me recuerda a cada minuto que le hice demasiado daño a una de las personas más importantes que he tenido en mi vida.

Ese día es un borrón en mi cabeza después del saludo, sé que hablamos pero no puedo recordar qué te dije. Llega a mi cabeza algún recuerdo de hablar sobre mi prima, trabajo y cosas; pero nada claro. Y llegó mi cumpleaños, que siempre tiene esa mala costumbre de ser una razón para desatar lo absurdo.

Te invité y me vestí teniéndote en mente. Usé shorts porque mis piernas son mi mejor atributo, y unos tacones extremadamente altos para estar a tu altura y dar esa vibra de chica mala. Una camisa de Nirvana para que no olvides mis gustos y personalidad, con una chaqueta de cuero, pero me derretí apenas pasaste por la puerta, porque no importa el tiempo que ha pasado, siempre has sido tú.

Pasé la noche con mi atención en ti, en nuestra conversación y con esa estúpida sensación de que no habían pasado sino días desde la última vez que hablamos. Hablamos de la vida, de los planes, de la familia y de todas esas cosas que conocemos el uno del otro mientras tomábamos hasta el amanecer, porque así son las cosas contigo… hasta los extremos.

Y la verdad es que me fui sin ningún rasguño ese día solo porque no lo intentaste.

Pero tuve que insistir, este hueco que tengo por dentro desde los 18 años no me podía dejar en paz y me hizo perseguirte. Hablamos mucho esos días, hablamos como si fuéramos de nuevo mejores amigos, como si nada pasaba y yo… yo era feliz.

Era feliz hasta que me vino esa estúpida idea a la cabeza, invitarte por unas cervezas, porque siempre tuve esa imagen en mi cabeza de hablar y aclarar nuestras vidas en una mesa con una cerveza de por medio, porque no eres un tipo de tomar café. Y con la idea vino una ejecución fastuosa que terminó, obviamente, en cervezas de más y una invitación a un Bar, a lo que me negué más de 6 veces.

El problema es que de alguna forma me convencí de que todo estaba bien cuando no era cierto.

Y ahí gente… ahí vino el error, cuando nos lanzamos a la piscina pensando que es profunda y tenemos espacio, pero pegamos con el suelo.

Te seguí el juego sucio y me dejé convencer de abrirte mi cuarto y mi cama. El problema es que contigo nunca he podido cerrar el corazón.

Tuve que detenerte, no por miedo a que llegara alguien, ni por estar cansada… tuve que detenerte porque no pude manejarlo. Porque sentí como algo en mi pecho se volvía pedazos, se prendía en fuego y al mismo tiempo se volvía oscuro, sentí lo que todos sentimos cuando se rompe nuestro corazón un vacio inmenso e incurable. Sentí como me arrancaban algo, juraría haber escuchado como se desgarraba mi corazón en medio de ese cuarto oscuro y fue como si tus manos me arrancaran la piel por donde pasaban.

Me di cuenta de que era demasiado para mí, que no estaba preparada y no iba a poder salir ilesa de esto. Me di cuenta de que era muy tarde, pero tuve que detenerte, ponerme la ropa como pude y llevarte fuera de mi casa.

No dormí sabes, pasé toda la noche en vela con mil pensamientos en la cabeza sobre la vida, el pasado, el futuro y todo aquello que tenía que ver contigo. Quise desaparecer, borrarme del planeta y ser aire como la canción de Mecano.

No lo sabes, y no fue tu culpa, pero esa noche me destruiste. Me demostraste lo débil que soy y el poco control que tengo de mis emociones, esa noche me mostraste lo peor de mis emociones. El hueco que llevaba por dentro no solo se hizo más grande, esa noche me absorbió.

Y luego desapareciste, fuiste tú quien se hizo aire y se borró del planeta. Y estoy segura de que en algún rincón oscuro tu mente estaba consciente de lo que pasaba por mi cabeza y una parte muy retorcida de tu personalidad disfrutó ese pedacito de venganza.

Y tuve que ser yo la que aligerara toda la situación con un “no significó nada, solo somos amigos” tan frío y estandarizado que me da nauseas y tu lo creíste, o pretendiste creerlo porque era más sencillo que vivir con eso que yo viví estos 6 años: la impotencia y frustración de haberle roto el corazón a una persona que respiraba solo para ti.

De Tinder y otras aventuras

Y volvemos a las aventuras, mías y de estas mujeres que me rodean en el día y día, que son increíbles, pero sobretodo que son increíblemente divertidas.

Y hoy el tema es algo que está de moda a nivel mundial: Tinder, si, Tinder la aplicación para “conocer” gente con la que salir, cuadrar, coger o lo que sea que pretendan hacer. El asunto acá es que no todos estamos en la misma nota cuando entramos en un app como este, de hecho no todos estamos en la misma nota en la vida, pero eso ya es otra historia.

Antes de entrar en la historia en si, les cuento las cosas generales que he encontrado en Tinder (no digo que los hombres son los únicos culpables, solo que en el app yo solo veo hombres) para que luego ustedes me cuenten las suyas.

  1. Hombres cuya foto de perfil es el día de su boda: ¡OUCH! Dios no quiera que las amigas de tu esposa, o tu esposa entren en Tinder y ¡BUM! Sorpresa.
  2. Hombres con fotos con novias: el mismo caso anterior.
  3. Penes, muchísimos penes.
  4. Chicos con edades que de verdad o son la suya: tipo ponen 30 y se ven de 18.
  5. Hombres que colocan fotos solo con lentes, cara tapada o con miles de amigos. Lo cual solo da la impresión de que están ocultando algo.
  6. Filtros, filtros y más filtros.

Y por supuesto también chicos normales con los que he establecido conversaciones y demás.

Pero la parte divertida de todo el cuento viene acá. Resulta que hago Match con un chico súper guapo, que se ve bastante chévere y que además tiene muchos amigos en común conmigo que me dan buenas referencias del susodicho.

Hablamos de la vida, de los gustos, de qué nos haces felices y… En medio de la conversación caimos en trabajo y resulta que conoce a una compañera. El chico en cuestión insistió para que preguntara por él, obvio que como soy hice un chiste de todo el asunto con el típico “no, prefiero enterarme por mi misma que por referencias ajenas”. Nos reímos, seguimos hablando y bueno terminé preguntando por el susodicho.

Las referencias no podían haber sido mejores y yo honestamente ya iba súper pendiente de conocer al sujeto, y toda la conversación siguió el camino correcto. En medio de todo salió el tema de la playa (que yo amo) y bueno se armó un plan de ir con mis amigas, pero con la promesa de que si ellas embarcaban el me llevaba incluido un “mejor para mi si te embarcan, te vienes conmigo”. Así que todo iba bien, el susodicho hasta preguntó la logística del plan y quedamos en “hablar mañana”, esas fueron sus últimas palabras, porque literalmente se desvaneció después de ellas.

Tengo que confesar que le escribí luego para darle un último chance y obviamente nunca respondió. La pregunta queda entonces ¿Qué pasó? Pues es bastante posible que no me enteraré jamás, pero les juro que me quedaré con la intriga por siempre, nivel le mostré a mis amigas la conversación a ver si ellas entendían y nadie logra entender qué ocurrió.

Pues como en la vida nada se oculta luego apareció esa figura que todas las mujeres hemos sido en algún momento, pero que todas odiamos: la exnovia. Porque todas las personas que dieron referencia (por la insistencia de él) la mencionaron… esto me da una idea de lo que puede haber ocurrido pero da igual.

Les cuento que lo encontré meses después en una discoteca conocida, lo vi pasar frente a mi y me di cuenta de inmediato de que la vida me salvó de estar con alguien solo por la “idea” de quien era (además de que me llegaba un poco más arriba del hombro no más y bueno ya pasé por ahí y no quiero volver). Trató de invitarme un trago porque “se le hacía conocida” solo me reí y le dije que quizás más tarde… cosa que obviamente no iba a ocurrir.

No es la primera vez que alguien en Tinder hace planes para no cumplirlos, ni es la primera vez que un hombre aplica la de la bomba de humo en mi vida. Pero la pregunta que queda en el aire es: si están en Tinder y tratan de hacer planes con las personas ¿Por qué no cumplirlos? ¿Cuál es la razón para que los hombres comiencen por un camino y luego decidan desaparecer?

Si alguien tiene una respuesta, pues aquí los espero.

Aprendiendo a jugar

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El otro dia hablando con una amiga vino a mi cabeza una frase de esas que te parecen una iluminación divina: “Si vas a jugar con alguien asegúrate de calcular bien, porque quizás la llevas al límite antes de darte cuenta”

Y esto aplica en TODA situación, si vas a jugar con alguien sentimentalmente, físicamente, si vas a hacer presión en el trabajo, si vas a ponerte a echar broma con ella, entre muchos otros ejemplos. Me recordé de la típica frase de preescolar que las maestras te dicen que “hay que saber jugar”.

Todo esto vino a que nos encontramos en situaciones donde chicos, jefes y otras personas decidieron “jugar” con nosotras y salieron, como dicen en Venezuela, con las tablas en la cabeza por no darse cuenta de que estaban empujando un límite que no se toca en nuestro caso.

Mi mamá dice que yo me gobierno desde que tengo 15 años, mi papá insiste en que siempre he hecho lo que me da la gana y mi hermano muy sabiamente dijo que el día que yo me case es porque conseguí un tipo que “me ponga en mi lugar” sin referirse a violencia si no básicamente un tipo que no me deje hacer lo que le dé la gana, o que al menos negocie los límites conmigo.

La frase nació porque un chico A supuestamente gusta de una chica B, resulta que el chico A pasa meses insistiendo para salir con la chica B, pero en el momento en que lo logra, salen, pasan una buena noche y cada quien se va a casa habiendo evitado terminar bajo las sábanas a como diera lugar el chico A desaparece por completo. Lo mismo me ocurrió, la diferencia es que en mi caso no hubo manera de evitar quedar bajo las sábanas.

El hecho es que tanto esta chica A como yo somos personas de carácter fuerte, decisiones apresuradas y cambios emocionales rápidos y secos; somos personas capaces de verte a la cara y decirte “no juegues conmigo porque no puedo manejarlo, porque me gustas increíblemente demasiado y no puedo mantener mis pantaletas puestas cuando estas cerca”, así como somos capaces de ver a la cara y decir “Solo quiero llevarte a la cama porque eso es para lo único que me gustas” o incluso “Podemos seguir esta relación pero tienes que estar claro de que yo ya no te quiero”, porque somos así secas, directas y sin filtro o pelos en la lengua.

Somos el tipo de persona con el que tienes que saber jugar, porque si las reglas no están claras puedes salir con las tablas en la cabeza. Somos seres tolerantes, pero si te equivocas vas a recibir un balde de agua, porque nuestra sinceridad e indiferencia puede ser demasiado cruda, y no es por mal, no es un instinto de venganza, es simplemente que preferimos definir las cosas de forma racional y dejarlas en un lugar donde no jodan mucho, porque no vamos a estar perdiendo el tiempo con gente, situaciones o momentos que al final del día no van a sumar nada a nuestra vida.

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Una cosa es cierta, los límites son importantes al momento de estar, jugar, compartir y vivir con alguien, ya sea jefe, novio, crush, amigo o demás. En la vida tenemos que aprender a jugar para que no llegue el mundo a echarnos un balde de agua fría en la cabeza, porque personas secas, sinceras y demasiado honestas abundan en este mundo, y ninguna de ellas se van a sentar a esperarte en la acera mientras tu decides qué quieres con la vida o aprendes a pedir las cosas, hablarlas y llevarlas a cabo de forma clara.

Aprende a jugar, no vayas por la vida probando los límites de las personas porque siempre es más fácil tener a la gente por lado bueno a luego correr a arreglar las cosas.

Aprende a jugar, porque el que no sabe jugar es el niño de preescolar al que un día el otro harto le lanza el balón directo a la cabeza solo por el placer de hacerlo llorar… o lo muerde quien sabe.

 

Juegos Peligrosos

Hoy me levanté y me dije a mi misma “Mi-Misma por favor entiende que jugaste con fuego y te quemaste… una vez más…” por no decirme que era la millonésima vez.

No conozco a la primera mujer que, como yo, no tenga un punto débil, y este punto débil muchas veces es un hombre. Yo tengo dos, uno es el novio perfecto, el otro es el amante ideal ¿Por qué la diferenciación? Porque el segundo no puede ser el novio ideal, a menos que estés dispuesta a compartirlo con otras mujeres –que perro puedes llegar a ser-  digo con unas 10 mujeres.

Con el segundo podemos acercarnos al fuego todo lo que queramos y jamás nos vamos a quemar. De hecho el amante está hecho solo para ser tratado como un juguete, lo tenemos ahí cuando estamos aburridos, pero no lo vamos a llevar en la cartera a todos lados.

Mientras que el novio ideal puede dejarnos serias quemaduras de tercer grado si tratamos de jugar con él, sobretodo si sus intenciones son literalmente jugar contigo. ¿Por qué lo digo? Porque me acaba de pasar… me dejé llevar por la situación y me entregué al “juego” solo para salir más golpeada que Rocky en cualquiera de sus películas.

La conclusión: chicas, aprendan a verse en el espejo y ser honestas con ustedes mismas, si quieren salir a jugar háganlo, sepan identificar a ese ser que solo quiere jugar con ustedes, pero sobretodo sepan identificar cuando ustedes no estén listas para que eso sea solo un juego. De nada nos sirve ir por la vida resbalándonos con tipos que no están dispuestos a levantarnos o al menos lanzarse al barro con nosotras.

Es decir: no se vayan a la cama con un tipo que les importa si este tipo solo las quiere llevar a la cama, y no al cine, a bailar o al menos a tomar un refresco.  Porque el se va a ir del cuarto sonriendo, igual que ustedes, pero en varios días el seguirá sonriendo y tu estarás de cama con el celular al lado y conectada en cuanto chat, Messenger, email, Gtalk, Skype, Facebook y demás se pueda por si “él decide escribir”… les cuento que eso NO va a pasar porque posiblemente este muy ocupado en la cama de otras chicas.

Así que bájense conmigo de esa nube, y si ya se resbalaron pues a limpiarse, cambiarse y seguir caminando, sin mirar atrás. No es fácil ignorar ese elefante gigante que camina detrás de nosotras, pero quizás con el tiempo la costumbre lo hará normal y podremos seguir disfrutando de la vida sin notarlo aprovechando al máximo ese universo paralelo que somos las mujeres.

Mi Amigo es Perfecto

principe-azul1-e1344349466796Todas tenemos ese amigo en la vida que a nuestros ojos es “perfecto”, lo normal es que tenga novia (porque es imposible que una persona así ande soltera por la vida, y si lo está dura tan poco el espacio que se hace difícil aprovecharlo). Es como ese personaje de How I Met Your Mother con el que Ted siempre ha querido un chance pero su soltería solo dura días (o quizás horas), o cuando si él está libre es porque “necesitaba espacio de su relación casi perfecta donde la otra mujer (a la que odias por hacerle daño a tu amigo adorado del alma) lo destruyó. Y si el está 100% libre lo más probable es que tu no, cayendo en el mismo ciclo.

Enfrentémoslo mujeres, todas tenemos un amigo al que le tenemos unas ganas terribles, pero este es diferente, a este le tienes cariño, este es el tipo que cumple con la lista de las 999999 cualidades que tiene que tener nuestro “hombre perfecto”.  Claro que sabemos que tiene sus defectos, pero ellos no importan porque nunca hemos podido verlos (o hemos sido capaces de ignorarlos).

Usualmente ni siquiera es tu mejor amigo, porque cuando están a solas a veces la situación se vuelve incómoda por tu constante desespero de no mostrar que te derrites por el tipo que ni modo.

Es el amigo que piensas presentarle a todas tus amigas cuando necesitan un príncipe azul, pero lo cierto es que solo quieres hacerlo porque no tienes las bolas y la capacidad de armarte de valor y lanzártele encima en una última movida súper desesperada.
El tipo es tan perfecto que siempre está ahí para decirte las palabras que necesitas oír cuando tienes un problema (hasta con tu novio) , apoyarte cuando necesitas un empujoncito extra. Y su condición de ser humano ideal es tan extrema que de momentos te hace ver a los lados y pensar “¿Por qué ninguno de los manganzones que tengo alrededor son como él?”, en esos momentos llegarás incluso a prometer que la próxima te buscas alguien más como él, pero todas sabemos que te arrejuntarás con el primer error que se cruce por tu camino.

Desde donde yo lo veo tienes dos opciones:

  1. Te armas de valor y te le lanzas encima en una movida desesperada.
  2. Te resignas a no hacer nada y pasas al próximo peor es nada que caiga en la trampa solito.

Mi consejo: lánzate con la primera opción porque este tipo al que llamas “amigo” posiblemente es tan terriblemente comprensivo, emocionalmente inteligente y asertivo que si te va a rebotar lo hará de tal forma que te curará todo el despecho de un golpe, porque este personaje SI entiende el universo paralelo que somos las mujeres y si no al menos se romperá la espalda para verte feliz.

¿Y tú con cuantos…? El problema de nuestro “Número”

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El número de personas con la que alguien se ha acostado siempre es una cifra intrigante, porque solemos utilizarlo para juzgar el tipo de individuo que es esta persona (al menos a nivel de relaciones) y además nos solemos pensar que este número nos da una buena idea de su éxito o fracaso a nivel sexual. Claro está que nos referimos al número de personas con las que hemos tenido relaciones pene-vagina (o ano-pene; o vagina-vagina, y demás variaciones que refieran a organos sexuales), pero omitimos todas aquellas situaciones que se limitaron a sexo oral, masturbación mutua, entre otros; porque si contamos eso los números serían aún mayores.

Hablando de esto en una de esas “noches de mujeres” nos dimos cuenta de que aparentemente somos mujeres promedio, con 25 años nuestro número oscila entre los 10 y 15, tomando en cuenta que tenemos un máximo de 8 años sexualmente activas pues nos parece un buen número porque mantenemos un promedio de 2 personas por año como máximo (cosa que no es del todo cierta porque honestamente hemos tenido picos y depresiones, hay años que se mantienen en 1 y otros que pasan de 6).

En uno de nuestros casos todos los encuentros han sido dentro de relaciones relativamente estables, menos uno que otro, pero la mayoría ha derivado en noviazgos o relaciones de mínimo 4 meses. En otro de los casos hay una mezcla bastante uniforme entre relaciones estables y unos cuantos momentos de locura y aventuras de una noche con conocidos anteriores. Y en el último caso estamos hablando de dos relaciones sumamente estables, otras que parecían serlo y unas muchas noches de locuras y momentos de venganza en contra del género masculino en general, por decirlo de alguna manera.

Lo que puede hacer este número menos relevante es que, para ser honesta, la mayoría de las cosas que he aprendido del sexo las he aprendido en las relaciones largas; de hecho repetir la misma experiencia con muchas personas no te enseña tanto como experimentar cosas nuevas con una sola, o al menos así lo vemos. De aquí que no consideremos que un número alto, o bajo sea evidencia de tu “experiencia” sexual o de tu nivel de conocimiento… para nosotras no es más que un número (aunque si tienes menos de 30 y tu número duplica tu edad ya este número pasa a ser una probabilidad de infección por Enfermedad de Transmisión Sexual, pero eso es ya otro tema). La única razón por la que mantendríamos ocultos nuestros números es porque para ser honestas no es asunto de nadie, no dice nada importante sobre el tipo de persona que somos y además, como mujeres en una sociedad retrógrada a la que solo le falta decir que es una falta de respeto que disfrutemos del sexo, es más probable que nos juzguen y nos tachen de indecentes.

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A ciencia cierta lo que hace interesante del número es compararse con los demás, saber si estamos por encima o por debajo de nuestra pareja. En fin, lo que queremos saber es si somos normales, y dejenme decirle chicos y chicas que SI, no importa cual sea el número somos normales, porque en otro lugar del mundo debe haber alguien con el mismo número que ustedes; porque no podemos compararnos con alguien que no ha tenido relaciones estables, o con quien ha vivido diciéndole no al sexo premarital y todavía no se ha casado.

Usualmente el hombre quiere que la mujer tenga un número bajo porque esto le facilita ser el “mejor sexo que ella ha tenido” y las chicas buscan el opuesto bajo el supuesto de que si el chico ha estado con muchas mujeres debe saber cómo complacerla. Dejenme decirle que esto NO es cierto, mi pareja solo ha estado con una chica antes que yo y desde el primer momento me he sentido increíblemente satisfecha y he escuchado casos de chicos que tienen un número alto y no saben satisfacer a su mujer (OJO: lo mismo puede ocurrir en el caso inverso, pero como las chicas usualmente reducen su número la evidencia puede mentir).

Las estadísticas de Kinsey (Vean Kinsey: Let’s Talk About Sex para que sepan de que estamos hablando, o entren aquí:http://www.iub.edu/~kinsey/resources/FAQ.html#number ) hablan de que los hombres entre 30 y 44 años han tenido un promedio de 6 a 8 parejas femeninas, y las mujeres de 30 a 44 años han tenido un promedio de 4 parejas en su vida. Si nos comparamos con esto evidentemente vamos a estar por encima del promedio, tenemos que considerar que no todo el mundo es honesto con respecto a su número para “lucir bien”; entre estas personas habrán quienes solo reportan 1 pareja porque no creen en el sexo premarital, entre muchas otras variables que alteran el cálculo de este promedio.

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Hay una creencia popular (traducida en película) que dice que la mujer promedio debe tener un máximo de 20 parejas sexuales antes de su matrimonio, que aquellas que superan las 20 ya no consiguen esposo. si queremos creer en eso tengo que confesar que me falta poco para conseguir al hombre de mi vida, o comenzar a pensar en conformarme con alguno de los que llegue (o volver a alguno que ya se haya ido) para no quedarme soltera. Honestamente no pensamos que tenga que ver con el número en sí, sino con la actitud de la persona que porta esa carga (como todo en esta vida) quien tiene un número alto no es necesariamente una persona fácil de llevar a la cama, y quien tiene un número bajo puede no ser por elección si no por falta de oportunidades (y ni hablar del asunto de la experiencia vs. habilidades que ya mencionamos).En realidad una persona promedio no nos parece interesante. Lo interesante son los picos, aquellos que están muy altos o muy bajos. Aquellos con números altos se nos hacen interesantes porque deben haber encontrado por su camino cualquier tipo de rarezas y variaciones , por lo tanto deben tener historias graciosas, interesantes y extrañas que contar. Por otro lado aquellos que tienen un número bajo son interesantes por el significado que pueden darle al acto sexual, son esas personas que suelen no haber perdido la inocencia y para las que irse a la cama con alguien suele involucrar mucho más que el acto físico de una relación sexual y el placer que esta produce; o al menos esa es nuestra forma de verlo, no se que pensarán ustedes.

En fin, hay quien dice por ahí que más de 8 parejas en un año es promiscuidad, si consideramos las cifras Kinsey ya esto sería excesiva promiscuidad… así que supongo que depende de con qué ojos se miren estos números. La pregunta es ¿Cual sería para ustedes el número que ya marca la promiscuidad?, porque al final todos, y sobretodos las mujeres, somos un universo paralelo.

Manías y Mañas Sexuales

Todos tenemos manías extrañas como no poder comer si nuestros alimentos se mezclan, la posición favorita para ver TV (y para sentarse en la computadora que suele ser igual de particular), nuestras costumbres en el carro, hablar con nosotros mismos cuando estamos solos, entre muchas otras mañas que vamos descubriendo y que con la edad suelen ser más recurrentes.

En el sexo pasa lo mismo, con el pasar del tiempo me he conseguido con una cantidad de cosas que los hombres hacen durante el sexo (porque las he vivido o por referencia de alguna amiga) que hacen de cada encuentro una situación particular. Estas manías pueden ser atractivas, extrañas, repulsivas o simplemente graciosas; pueden mejorar la experiencia sexual, o dañarla por completo, pero esto ya depende de la persona y la situación. Lo cierto es que son estas mañas las que han marcado cada encuentro (o época) sexual y harán que nunca lo olvidemos.

De todas estas manías solo hay una que es verdaderamente inaceptable: el hombre que se lanza al acto sexual sin ningún tipo de juego previo, creo que a TODAS las mujeres nos ha tocado alguien así, y a no ser que sea un rapidito déjenme decirles chicos que esta conducta es totalmente inaceptable (cuenta como juego previo conversaciones sucias en camino al encuentro, o ese tipo de juegos que “calientan” la situación).

Hemos tenido también al chico que solo lo hace con las luces apagadas, y cuando decimos que SOLO lo hace con las luces apagadas nos referimos a que NADA funciona ahí abajo mientras las luces estén encendidas o haya luz del día. Esto es GRAVE por varias razones, primero nos hacen sentir demasiado poco atractivas y sexy, que la imagen de nosotras sin ropa (o con poca ropa) no sea suficiente para despertar su libido y levantar a su amigo es un golpe a nuestra autoestima. Claro está que muchas veces esto ocurre no por falla nuestra, si no por inseguridad de este hombre con el que nos fuimos a la cama, cosa que tampoco suele ser muy positiva, porque el hombre que es inseguro en la cama no suele hacer muy buen trabajo satisfaciendo las necesidades de la mujer que le acompaña. Además muchachos, ¿las luces apagadas?, ¿de verdad? ¿No es mejor dejarlas encendidas y disfrutar de cada momento con todos los sentidos?Hay otra maña que puede ser un poco frustrante (aunque muchas veces se disfruta demasiado), cuando un chico se tarda DEMASIADO en acabar (nótese que no estamos diciendo que se tarda, si no que usamos la palabra demasiado) el asunto se puede volver incómodo. Está bien que de vez en cuando sean una máquina sexual inagotable y capaz de mantener una erección sin acabar por horas; pero si esto es una situación de todos los días el sexo se hace agotador. Si bien podemos tener múltiples orgasmos gracias a esto llega un punto en que la lubricación ya no es la misma, las energías son demasiado bajas y el asunto se torna aburrido e incluso un poco doloroso y lo que provoca es lanzarnos sobre la cama al mejor estilo de un cadáver o muñeca inflable y que ustedes “hagan lo suyo”. Además está el punto de que nos hacen pensar que no están disfrutando tanto como nosotros (por eso es frustrante) y que somos “incapaces” porque no logramos hacerlos acabar.

Vale acotar que aquel que SOLO lo hace con las luces apagadas es equivalente a la mujer que se desviste y corre a taparse con las sábanas (cosa que el hombre que apaga las luces también suele hacer).

Es cierto que hablar sucio suele excitarnos y aumentar el disfrute sexual, claro todo depende de la forma en que se haga; en lo particular me ENCANTA que me hablen sucio así como me encanta hablar sucio. En este ámbito tenemos varias costumbres extrañas… algunas increíblemente buenas, otras que depende de la mujer con la que estén puede trabajar a su favor o en su contra y otras que honestamente nos hacen mordernos los labios… para no reírnos.

Pero comencemos por una conducta INACEPTABLE que viene vinculada con el hablar sucio… una vez estaba con un chico que me pedía que me callara porque estaba haciendo mucho ruido, definitivamente he pensado que a él nadie le explicó que la mujer hace ruidos cuando la está pasando bien, y que mis ruidos deberían haberle indicado que estaba disfrutando. Obviamente hasta ese momento llegó mi disfrute, les juro que a partir del momento en que me pidió que “dejara de hacer tanto ruido” se me quitaron las ganas de hacer ningún tipo de ruidos y solo quería que se acabara esa tortura.

El masculino de este caso TAMBIÉN es una manía terrible; tengo una amiga que se encontró con un hombre que no hacía sonido alguno durante todo el acto sexual. Entendemos que los chicos no hacen tanto “ruido” como las chicas, que minimizan sus gemidos y sonidos de disfrute (por llamarlos de alguna forma) porque alguien les dijo que hacer este tipo de ruidos es poco masculino, o quizás porque simplemente no les nace; pero no tienen idea de lo mucho que excita a una chica cualquier tipo de sonido, ruido o palabra que sean capaces de emitir en ese momento; a mi en lo particular me vuelve loca que mi pareja diga mi nombre, suspire, haga algún tipo de gemido o me dice lo rico o bueno que se siente lo que estoy haciendo. Además no saben lo sucias (en la mala manera) que nos hacen sentir si nosotras gemimos, hablamos y decimos mientras ustedes se mantienen en total silencio, nos privan de todo tipo de expresión porque sentimos la necesidad de reprimir todas aquellas cosas que queremos decir y se corta por completo la creatividad y se daña el ambiente del momento.

Otra manía con la que nos hemos encontrado (y que nos ha encantado) son los chicos que hablan. He escuchado de un chico que dice “rico, rico, rico” durante todo el acto sexual, si bien esto es algo de lo que me reí demasiado cuando me lo contó por ser particular tengo que admitir que ¡al momento del sexo es algo increíblemente excitante! (de hecho mi amiga afirma que ese ha sido el MEJOR sexo de su vida), saber que el chico está sintiendo lo mismo que nosotras es algo que nos pone todavía más. Esto solo se vuelve gracioso cuando nosotras no estamos sintiendo el “rico, rico, rico” tanto como él, porque nos aparece un poco fuera de lugar… y puede ser dependiendo de la entonación y el ritmo por decirlo de alguna forma; si el chico lo dice súper rápido y en una voz poco profunda el asunto se puede volver un poco caricaturizado; cosa que me ha pasado, y confieso que tuve que morderme los labios para no estallar de la risa.

Dentro de los hombres que hablan tenemos otros personajes que son muy particulares. Algunos dan risa, otros simplemente son raros y dependen de lo que a la chica le guste.

Nos hemos encontrado con chicos que en pleno acto sexual se deciden a insultarte, te llaman perra, zorra, sucia, entre muchas otras cosas; esta costumbre tiene variaciones como pedirte que seas tú quien dice “soy una perra” o una zorra o “me siento demasiado sucia” y otra variación que es el típico dime que eres MI zorra, o MI perra. Dentro de esta misma categoría entra el que te pregunta ¿eres mi perra? O ¿eres mi zorra?, pero en lo que tiene que ver con chicos que preguntan cosas vamos a caer más adelante. Este caso va a depender mucho de la mujer que es víctima de estos insultos, hay chicas a las que le gusta; tengo que confesar que habían días donde me dejaba llevar y disfrutaba de ese momento en que me halaban el pelo y me obligaban a decir que era su zorra, pero el ambiente para que esto resulte es muy particular, no cualquier persona puede lograr que la otra se sienta cómoda prestándose para este juego y definitivamente es algo que va mas ligado al sexo casual o de amigos con derechos que a una relación de pareja estable.

Una amiga se encontró con un chico que solo hablaba de tetas enormes durante el acto sexual (vale acotar que la chica que estaba con él no era una mujer de senos grandes, pero esto parecía no importarle). Este chico era bastante particular porque mezclaba su tema de tetas grandes con los insultos de los que hablamos antes para lograr gritos como “perra, zorra ¡¡¡TETAS ENORMES!!!” cosa que como pueden suponer lo que causa es una risa increíble.

En el mismo ámbito de los chicos que hablan durante el sexo nos encontramos a los que hacen preguntas. No nos entiendan mal, preguntar ¿te gusta? O ¿así? Es válido, de hecho es una forma totalmente perfecta para ir liberando la lengua y comenzar a hablar sucio, así que apoyamos totalmente a los chicos que se preocupan por saber si están haciendo las cosas bien. Pero (siempre hay un pero) saben ese dicho de “no hay preguntas estúpidas” bueno, durante el sexo si hay preguntas estúpidas (así como hay estúpidos que preguntan), por ejemplo, sabemos de un chico que preguntó si lo podía hacer más rápido; honestamente hombres ¿Puedo darle más rápido? NO ES UNA PREGUNTA LÓGICA, esas son cosas que se hacen y YA, ¡¿cómo van a preguntar semejante estupidez?!. El mismo chico preguntó en otra ocasión: ¿Puedo cambiar de posición?… ¿será que necesitaba direcciones? Hasta Wikipedia debe considerar eso como una pregunta extremadamente estúpida; no quiero insultar al muchacho porque lo conozco y lo aprecio, pero POR DIOS, lo único que lo salva es que tenía 18 años.

Dentro del mismo ámbito de las preguntas fuera de lugar tenemos a un chico que una vez preguntó si podía insultar a la chica o darle cachetadas. Chicos, ese es el tipo de cosas que se hacen, lo peor que puede pasar es que la mujer te pida que no lo hagas de nuevo, el asunto es que preguntándolo van a tener que pasar por el momento de pausa porque honestamente en ese estado no entendemos mucho lo que nos están diciendo, luego la cara de que no entendemos de dónde viene esa pregunta (cuando la repiten), seguida de la pausa en la que estamos considerando si nos gustaría o no, y por último una respuesta que probablemente no suene muy convincente; mientras que si lo hacen nosotras ahí mismo vamos a saber si nos gusta o no y simplemente procederemos a actuar con respecto a esta decisión. El problema con las preguntas es que primero te hacen quedar como si no estuvieras muy claro de lo que estas haciendo (y a NADIE le gusta un hombre que no sabe lo que hace) y segundo toman más tiempo por lo tanto es una pausa en medio del acto sexual, si estamos disfrutando ¿quién quiere parar?

Ya saliendo del tema de los chicos que hablan durante el sexo, nos hemos encontrado con otras situaciones bastante particulares que honestamente nos dejan pensando muchas cosas, entre ellas: ¿Qué carajo le pasa a este tipo?, si algunas son sexys, pero las demás son raras, ni buenas ni malas simplemente raras.Yo me he encontrado también con el chico que esta obsesionado con que le digas que “eres solo suya” o que tus partes son solo suyas, digo partes porque hablan desde los ojos hasta la vagina, así que prefiero resumir; la verdad chicos es que esta no es una conversación que queremos tener en un momento como ese, y para ser honesta en ese momento diremos que si para salir del paso, así al día siguiente le digamos lo mismo a alguien más; así que, por favor, no nos obliguen a mentir. Esta actitud (al menos para mi) es básicamente nula, no tendrás ninguna reacción positiva o negativa, solo una respuesta para salir del paso y si la chica no es tu novia puede salir corriendo porque nadie quiere esa presión de “posesión” cuando el único objetivo es divertirse.  (NOTA: preguntarlo una vez cada tanto está bien, la recurrencia es lo que hace que las chicas huyan)

Una amiga andaba con un chico que no se atrevía a besarla si no le hacía cosquillas primero… suponemos que es para romper el hielo, pero también suponemos que después de la tercera vez ya no necesitarías romper el hielo.

Se de uno que vivía del fetiche de tener relaciones con una mujer que tiene los tacones puestos. Entendemos que es sexy pero, primero, no siempre andamos en tacones; y segundo creo que no tienes idea de lo difícil que es moverse en la cama de forma sexy cuando nos sobran 10 cms de tacon que se enredan en las sábanas, entre muchos otros sitios. Y por último, no sabes el riesgo que corre tu amigo cuando tiene stilettos cerca, el resultado de un mal movimiento puede ser extremadamente desagradable.

Estuve con uno que TENIA que dejarse las medias puestas porque le tenía una especie de fobia a los pies. La pregunta acá es ¿cómo logras sobrevivir teniéndole fobia a los pies?, puedes usar medias todo el día pero cómo haces para bañarte, ¿no miras hacia abajo? Porque el problema no eran solo mis pies, eran TODOS los pies. Además, no hay nada más sexy que tocar a la otra persona con los pies en ciertas posiciones sexuales, y esto pierde un poco el sentido si tenemos medias puestas.

Y para terminar una que de verdad me desconcertaba y me hacía querer destruir las cosas a mi alrededor al mejor estilo de Godzilla en  Nueva York. Tuve un chico que al momento de quitarse la ropa se tomaba el tiempo y la molestia (era bien molesto de verdad) de doblarla y colocarla de forma que no se viera el desorden; solo diré ¡¡¡POR AMOR A DIOS!!! ¡¿de verdad?! Les juro que la primera vez que lo vi solo pude pensar “tu me tienes que estar jodiendo” y tuve que morderme los labios para no decirlo o reirme de lo ridículo de la situación. Puedo entender que seas fanático del orden, lo que no puedo entender es que no puedas esperar unos 30 minutos para recoger las cosas; de verdad era algo que mataba el momento.

Sabemos que es difícil descifrarnos, y saber qué hacer y que no, por eso le dejamos estas anécdotas  que deberían ayudarlos y hacerlos reír,  porque entendemos que  las mujeres somos un universo paralelo.

Teatro femenino (Historia de una Virgen)

Hoy me tomaré la libertad (bajo consentimiento de la perpetradora de estos infames, horribles, pero INCREÍBLEMENTE sorprendentes y graciosos actos) de contar uno de los descaros más grandes que he conocido en la vida y que posiblemente sea uno de los teatros más grandes que una mujer haya montado jamás, de hecho me atrevo a decir que son muy pocas las mujeres que están en capacidad de salirse con la suya en una situación como esta. Por eso a mi amiga la respeto, la admiro y me parece INCREÍBLE que lo haya logrado, pero es definitivamente la mujer más rata que he conocido, aunque después de esto haya decidido ser una santa… les dejo esta anécdota para que juzguen por ustedes mismos.

Para que se hagan una idea estamos hablando de una chica decente, muy tranquila, y que puede ser calificada como una santa, tenía un novio formal y una relación que puede ser calificada como estable, mentira… bastante estable.

Pero todos los que hemos sido partícipes del mundo de los campamentos de verano (al menos en Venezuela) que hemos sido objeto de burlas por parte de nuestros amigos por pasar dos meses cantando canciones sin sentido, siendo “felices” a fuerza,  manejando grupos de más de 40 niños y en fin siendo bastante gallos; sabemos que este mundo tiene una doble personalidad que se activa después de las 9:00 pm. Todo el que haya estado ahí sabe que después de las 9:00 pm todo guía/sub-guía/etc es soltero y se rige la vida por la regla de las Vegas “lo que pasa en las Vegas se queda en las Vegas”. Después de las 9:00 pm corre por el campamento el alcohol, los cigarros (si es que no se fuma algo más) y bueno… el sexo.

Volviendo a nuestra protagonista… se me había olvidado un pequeño detalle… ella era virgen, a pesar de tener 20 años.

Total es que la chica en cuestión (llamémosle Ana de ahora en adelante) conoce un chico que por alguna razón le gustó (ninguna de sus amigas ha logrado ver esta razón hasta el día de hoy) y se va dejando llevar de a pocos por el chico y a los pocos días se le olvida su novio, porque a fin de cuentas estaban de campamento, en otro estado y la consciencia se vuelve muda. Como pueden suponer, si siguen el hilo de la historia, Ana, nuestra intrépida protagonista (con ayuda y cubierta de su mejor amiga) termina dejándose llevar por el ambiente y teniendo relaciones con “el otro”, lo cual no representaría un problema tan grande de no ser porque (como ya mencionamos) era virgen…

Aquí es donde la historia se pone interesante, porque ¿Cómo haces para explicarle a tu novio que ya no eres virgen? ¿Le admites la infidelidad y tratas de recuperar la relación? ¿o mientes y eres inocente (y virgen) hasta que se demuestre lo contrario?.

Antes de ver cómo se resuelve este problema les cuento que además de esto Ana hizo que su mejor amiga pasara por el que posiblemente ha sido el peor momento de su vida. Le pide a su amiga que la acompañe a salir con su nuevo “novio”, teniendo mucho cuidado de no decirle a donde iban, y a este trío se une el mejor amigo del “novio”, por lo que la situación no pinta muy bien para la “amiga”, quien por cierto también era virgen para el momento… La situación no pinta bien porque nuestra querida Anita iba a un hotel, y si, hizo que su amiga pasara horas en la habitación de al lado (al menos no fue en la misma) con un tipo que quería lanzársele encima y con quien ella no quería ni compartir palabra (hemos de premiar la fidelidad de esta amiga que sigue hablándole!!!).

Ahora bien… de vuelta al centro de la historia, Ana no decidió por ninguna de las opciones que mencionamos antes, al menos no en un principio… Ana toma la salida inteligente (ayudada por el remordimiento e consciencia) y termina con su novio (el legal) y se empata con su nueva adquisición… pero las cosas no podían ser tan fáciles, porque al llegar de vuelta a la ciudad la distancia complica la relación con el nuevo novio, así que esto también se termina, y es ahí donde la historia vuelve a ponerse interesante porque nuestra querida Ana decide volver con su novio N°1, quien sigue sin tener idea alguna de la existencia de alguien más y mucho menos cruza por su cabeza que Anita ya no es virgen.

Es aquí donde viene el acto más descarado de toda esta historia, nuestra protagonista que solía ser una chica bastante recatada decide tener relaciones con su novio. Comencemos por el hecho de que tuvo que ser ella quien sugiriera la opción de un hotel, porque el pobre inocente no tenía idea de cómo manejar la situación con su santa y recatada novia.

Pero esto no es lo más grave, el verdadero descaro es el momento en que nuestra intrépida amiga decide fingir su virginidad… si, así como lo leyeron FINGIR SU VIRGINIDAD actuando como actúo cuando de verdad la perdió (sin poder dejar de “tomar el control” de alguna forma porque tenía más experiencia) y no contenta con esto cuando el novio le pregunta ¿por qué no te dolió tanto? Pues Anita se abrigó en la respuesta más vaga, sin sentido y tomada de un mito urbano: “a mí me dijeron que a veces las chicas que montamos a caballo podemos sufrir menos dolor por el ejercicio al que estamos acostumbradas” ¡DIOS! ¿No les parece la excusa más vacía del mundo? Yo estoy totalmente convencida de que solo funcionó por las circunstancias en las que se usó y quizás por la inocencia del sujeto en cuestión, y ¡por el simple hecho de que a NADIE se le ocurre que alguien pueda fingir su virginidad!!!

Tengo que admitir que admiro a “Ana”, por su capacidad de ser tan descarada y haberse salido con la suya… Me parece la mujer más rata que conozco y un tanto cínica si se puede llamar así… Mi amiga es una santa hoy en día, de verdad lo es, pero eso no evita que todas la tengamos como punto de referencia para lo rata que cada una de nosotras puede llegar a ser. Esto solo demuestra que en esta vida podemos ser víctimas de cualquier mentira, hasta de la que menos nos imaginamos y de la persona de la que menos lo esperamos. Así que chicos, chicas, no importa la cubierta, todos tenemos algo de culpables detrás de esta máscara que usamos a diario, aprendan a verlo, prevenirlo, pero sobretodo a disfrutarlo, porque les juro que Ana no se arrepiente de ninguna parte de toda esta historia.